Emprender, la lucha existencial contra uno mismo

Me apasiona el emprendimiento. Cada vez que navego por LinkedIn o YouTube y veo la palabra emprendimiento, ahí estoy yo aumentando el número de visualizaciones. Me apasiona ver las historias de la gente, su progresión, sus experiencias y conocimientos adquiridos. ¿Qué le pasa a uno por la cabeza para emprender? ¿Qué tipo de introspección haces para ir más allá de aquello que conoces?

Sabemos que emprender significa llevar a la acción algo. O, mejor dicho, los pensamientos llevan a sentimientos, los sentimientos a acciones y estos a resultados. Esto sobre el papel es muy fácil.

¿Has oído hablar del yo SUPERIOR “S” e INFERIOR “I”?   

Para dejarlo fácil de entender, tu Yo “S” es la parte racional de tu cerebro, y tu Yo “I” la parte emocional. Estas dos continuamente están enfrentándose y es un verdadero dolor de cabeza encontrar el equilibrio entre ambas.

Otra manera de verlo es que el Yo “S” es la mente intuitiva, nuestra biblioteca de conocimientos, la voluntad espiritual, el altruismo. Mientras, nuestro Yo “I” representa la mente analítica, las emociones, la personalidad, el ego. La mente analítica e intuitiva deben entenderse para trabajar juntas.

Cuando emprendes, lo primero que te dicen resulta doloroso: sin sacrificio no hay gloria; para fijar tu camino has de dejar algo atrás; quien no arriesga no gana… Tus dos Yo se enfrentan constantemente y ¿quién es el vencedor?

El emprendedor debe apaciguar las aguas de su mente para ir hacia adelante. Por tanto, para llevar las acciones a resultados deseados, primero deberá tener control sobre su propia mente.

Como decía Ray Dalío en su libro Principios:

Dolor + Reflexión = Progreso

Factores Internos

El camino del emprendedor es la lucha contra los propios muros que han sido construidos en la mente a través de la educación recibida, el estilo de vida y los principios que nos han guiado hasta donde estamos hoy. Si hablas con un buen coach, lo que te va a decir es que, para aprender, primero debes desaprender. Volver al niñ@ que una vez fuiste donde el poder de tu imaginación no conocía fronteras. “Somos lo que comemos”.

Interiorizar esto es un paso fundamental a la hora de emprender con éxito. Cuando alcances este punto, tanto si crees en el alma como si no, sentirás que algo en tu interior comienza a crecer como una llama (como cuando Goku se convierte en super Saiyan jaja).

Tu mente comienza a trabajar de manera diferente, despiertas un poder durmiente que desconocías y empiezas a manifestarlo de dentro hacia afuera, hacia la gente que te rodea.

Factores externos

Existen otros muros que son manifestados a través de nuestros sentidos, oídos y vista para ser más exactos. Estos se muestran en multitud de formas. En mi caso he oído y visto…esto no se puede hacer; ya existe; no te compliques la vida; no tires tu vida; eres tonto dejando tu trabajo; solo piensas en el dinero; te estás engañando a ti mismo; el 90% de las empresas fracasan el primer año; te están comiendo el tarro.

Comiendo el tarro…realmente es la sociedad la que te come el tarro. Crean barreras ficticias sobre tu mente en forma de limitaciones, miedos y otras cosas porque aquellas personas que lo dicen no tienen en valor de alcanzar sus metas por sus propios medios. ¡Mantén tu mente abierta!

¿Conoces a Tony Robbins? ¿Pensarías que es un necio? Él decía que el auténtico poder reside en nosotros mismos, y así es. Ignora a la sociedad, agarra tus ideas y labra tu camino. Obtén de la sociedad la esencia de las cosas, acepta las críticas constructivas y construye tu castillo de naipes hacia el éxito que te hayas propuesto.

El día menos pensado, todas aquellas palabras negativas que te llegaron a decir se transformarán en reflexiones para esas personas, y si toman la dirección correcta, la convertirán en progreso.

¡El futuro está en tus manos, tú decides como emplearlo!

Bibliografía:

“Poder sin límites” – Anthonny Robbins,

“Principios” – Ray Dalío,

“Burlar al Diablo” – Napoleón Hill,

“El monje que vendió su ferrari” – Robin Sharma,

“El Elemento” – Ken Robinson,

“El alquimista” – Paulo coelho

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